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miércoles, 2 de mayo de 2018

La Búsqueda Terrible


Composición: "Hound of Tindalos" y "Muqui"
1. La desconocida

Me es imposible olvidar aquella tarde angustiosa en que una extraña mujer suiza me preguntó por un grimorio maldito cuyo nombre de sólo mencionarlo me sobrecoge el alma. Nuevo Chimbote, para sorpresa inefable organizaba una sus mejores ferias de libros, donde por única vez al año se me ofrecía un interesante festín literario sin necesidad de viajar a la capital. En esta ocasión me había obsesionado por aquellas historias de corte truculento; habiendo culminado ya las obras de Allan Poe, Lovecraft, Mary Shelley y Bram Stoker, necesitaba una nueva dosis de aquella emoción primigenia que ha forjado dioses y demonios para comprender la concepción del mundo y el universo, esa emoción que al desnudarla sigue siendo la más pura e infinita: el miedo. 

Sin embargo, para mí el miedo, sólo era divertimento, superficialmente me solía encaramar como un burdo espectador mientras caían los dientes de Berenice o perdía un ojo un gato negro, regocijándome con las atrocidades nigromantes de Joseph Curwen o con la indecible profanación de Herbert West, enloquecía emocionado con la ciencia perversa del Dr. Frankenstein, y qué decir del sanguinario Drácula o el Gusano Blanco. Todos me hicieron felices, creyendo insensato, bajo la comodidad de mi orbe, conocer el terror. Es como leer una receta de cocina sin probar el potaje, o como ver pornografía sin conocer la cópula. Mi miedo no era más que masturbación. Por eso, lejos del ejercicio de la ficción apelé a títulos terribilísimos como “La Gallina Negra”, “El Libro de San Cipriano” o “La Clavícula de Salomón”, que hacen referencia a los libros esotéricos más conocidos de la historia, escritos presuntamente por autores que han percibido el terror en carne propia. 

En dicha búsqueda infructuosa por las inmediaciones de la feria, una mujer esmirriada, de rostro ario, anteojos circulares y vestimenta estrafalaria me saludó amablemente con un español irregular poniendo en evidencia su procedencia europea. Según ella, viajaba por el mundo coleccionando grimorios como parte de un pasatiempo extravagante que caracterizaba a su familia, por eso le inquietaba que yo preguntase por aquellos ejemplares, que según ella conocía desde niña. Su frondosa y desaliñada cabellera rubia escondía un rostro consumido y sombrío que irradiaba una ansiedad enigmática, pues algo quería preguntar sin atreverse a tomar la iniciativa. Así que temerario, le pregunté “¿qué buscas tú?, seguro lo tengo.”

-¡Imposible! -frunció el ceño- Pero acontecimientos recientes evidencian que lo que busco se encuentra cerca, no quiero que más personas se enteren de esto innecesariamente.
-¿Innecesariamente?
-Hay libros esotéricos que la historia no pudo evitar su relativa difusión, los que buscas, por ejemplo; pero hay otros, que han logrado permanecer custodiados en el anonimato, gracias a organizaciones, o familias como la mía… ¿A qué te dedicas?
-Pues trabajo.
-¿De qué?
-Dicto clases matemáticas en algunas universidades.
-¿Buscas algún conjuro relacionado con los números? – Sonrió sarcástica.
-Posiblemente, alguno pitagórico.

No era ingenua, a través de aquella burda charla quería hallar indicios de confianza, pues parece que nunca le confesaría a un comunicador su misteriosa búsqueda, o a alguien que tenga oficios parecidos, ni tampoco a un escritor o escribidor, que se encargaría de exagerar con ánimo portentoso a través de una ficción sus raras revelaciones. Desde luego, yo soy un escribidor solitario, pero nunca he publicado nada, apenas en una revista local de un amigo bien intencionado. Sin embargo, se desplegó en un asedio interminable de preguntas del que nada obtuvo. Con sutileza quería capturar una confesión, pero no dije una sola palabra, negué sobriamente cualquier vínculo de interés por la creación literaria. Ella trataba de hacerme creer que le interesaban las personas con tales dotes y que era una lástima que el primer individuo que conocía en Chimbote tenga la pluma estéril. Mentí una y otra vez, porque no me importaba presumir -si se podría decir así- mi incipiente afinidad por la escritura sino conocer el secreto que estaba seguro me revelaría. Y pese a me daba fingidas señales de que sólo podía contar con alguien de tales cualidades hice un ademán de abatimiento sintiendo haberla decepcionado. Ese pecado fue mi condena. Muchas veces he creído que la ignorancia es el mejor aliado, y esta vez lo confirmé. En ocasiones la curiosidad puede ser el peor enemigo del hombre. 

-Se llama “Martyrium von Muqui”, ¿sabes algo?


2. Else von Meerburg y el Martyrium von Muqui

Llevo noches angustiado, tolerando el sopor que entumece mi cuerpo bajo la terrible amenaza de amanecer muerto en cualquier momento. Conocía un secreto que me hacía susceptible a la vida, el secreto de ese grimorio maligno que cargaba no sólo su contenido inaccesible, sino su origen perturbador y su historia ominosa. Cuando confesé no haber escuchado nunca el nombre de aquel ejemplar, el brillo siniestro de los ojos de aquella mujer se apagó y se tornó agreste y decepcionado. Sin embargo; mi aspecto ermitaño y deslucido ganó su confianza, pues necesitaba un amigo de perfil bajo que le ayude en sus propósitos en un lugar que para ella era el fin del mundo.

-Mi nombre es Else von Meerburg, y el tuyo.
-Yo soy Ray Raymundo.

Me llamaba al menos una vez al día para requerirme información práctica, como la dirección de bibliotecas y hemerotecas de la ciudad. No se explayaba conmigo, era muy reservada, más aún cuando le preguntaba por el libro en cuestión. Esas actitudes, lejos de disipar mi curiosidad no hacían más que volverla una tortura. Cada día que pasaba con sus noches, las palabras “Martyrium von Muqui” martillaban mi cabeza. No es difícil suponer que inicié mi búsqueda en solitario por la vía más fácil, Internet. Encontré información cuantiosa sobre el Muqui, un duende minero de la cosmovisión andina, que muchos hombres del Perú profundo creen hasta el día de hoy haberlo visto, caracterizándolo como un ser maligno que intercambia oro a cambio de una vida. Existen diversas historias, y cuentos nutridos del sincretismo de la cultura inca y la opresión española que surgió en la época del virreinato, fecha en que la mayoría de leyendas tomaron relevancia para asustar a aquellas almas indígenas que no se convertían al cristianismo. Sin embargo, nada de esto guarda relación con un título de origen alemán. Se me ocurre que puede tratar del suplicio de un duende minero, o de la tortura de un alemán cuyo nombre coincide con la criatura. Mil conjeturas, pero ninguna concluyente. Sin embargo; un navegador de la web me arrojó un resultado con el nombre explícito de “Martyrium von Muqui”; aunque fue frustrante enterarme que no podía tener acceso a él, ya que requería permisos de administrador. Dicha restricción me encolerizó y aumentó mí expectación tiñéndose de matices monomaniacos. Irritado, cambié de estrategia. Dejé de lado mi ordenador y empecé a recorrer las bibliotecas que había frecuentado la sombría Else en la ciudad. Era una suerte tener conocidos en la Biblioteca Municipal de Chimbote que me den alguna pista de lo que ella andaba buscando. No fue tarea fácil, porque pese a que contaba con su bibliografía de consulta, debía adivinar qué buscar de tal o cual periódico, revista o libro. Largo fue el tiempo empleado en vano con el temor que Else me sorprendiera indagando sus consultas, porque si bien hubiera sido fácil saludarla en un lugar público donde un asiduo lector como yo podría estar en cualquier momento, levantaría sospechas si me encontrara leyendo los documentos que ella misma tenía en su poder hace algunos días. Así que decidí fotocopiarlo todo, no iba a gastar mucho, pero si me tomaría mucho tiempo investigar. Sin embargo, los hados jugaron su papel para bien o para mal, ya que cuando me dispuse a ejecutar el plan con el primer periódico, el bibliotecario me comentó que Else también había sacado copias de dicho noticiero, en especial de una página de la que solicitó una ampliación, saludé su comentario con mucho entusiasmo ya que no sería necesario fotocopiar todo. Hizo un esfuerzo por recordar las páginas, y asunto arreglado. Lo mismo hicimos con el resto del material de consulta. Había llevado conmigo el fichero donde almaceno las prácticas y exámenes de mis alumnos para que me fuera útil guardando cualquier fotocopia de provecho. En efecto fue así, y metí los calcos en cualquier división del archivador, con el ánimo de irme rápido. Me despedí del bibliotecario, y partí presuroso a la calle. 

Estaba ansioso de llegar a casa para examinar las hojas con calma pero un encuentro inesperado me sobresaltó. Else me interceptó al salir de la biblioteca. Me comentó brevemente que ingresaba para entretenerse con alguna revista local que había ojeado anteriormente, en la que había leyendas muy interesantes sobre “el ahogado”. Por mi parte, le dije que salía de preparar la clase para mis alumnos del día siguiente, me preguntó qué tema tocaría y le referí el tema que justo estaba llevando con mis alumnos del segundo ciclo. Fingiendo interés me dijo que quería echarle un vistazo a mi clase y para suerte mía, la tenía ahí. Se la mostré, explicándole la materia sin el menor síntoma de nerviosismo. Pero ella no hacía el menor esfuerzo para ocultar su paranoia, porque luego me preguntó por los otros papeles que ahí estaban y le dije que no eran más que prácticas, y antes de que me dijera otra cosa los saqué para exhibirlos. Rogué que las fotocopias permanecieran ocultas en cualquier lugar que las haya colocado, y en efecto, éstas nunca se mostraron. No me descubrió. Volví a guardar todo, y para que no me pregunte nada más utilicé un recurso que no había utilizado desde tiempos universitarios. Le referí que ese día la veía más bonita que de costumbre y que sería buena idea que salgamos un día juntos. No me importaba la reacción que desencadenaría, la respuesta podría ser cualquiera. Menos mal ella no respondió nada y sólo se despidió con una sonrisa despreciable. Un gran alivio. Había logrado lo que había querido: estar lejos de ella. Si en algún momento pensé confesarle que había averiguado sus inquietudes por mis propios medios para poder ayudarle, decidí que por nada del mundo se lo contaría. Es más, deseaba no verla más.

Ya en casa, luego de un concienzudo análisis de los duplicados concluí qué noticias fueron de su interés. La primera fue de un joven publicista llamado Dan Dante que fue encontrado desnudo y dopado al parecer por una mujer de la mala vida. La segunda, publicada una semana después, relataba la captura de un traficante de droga clasificada, de nombre Klaus Wolff, que fue el presunto responsable del tipo de droga que se le suministró al tal Dan Dante, y que a la fecha no se ha podido recuperar. El traficante vivía en Miramar Bajo, y también es el principal sospechoso de la desaparición de su sobrina Emma Alvarez Wolff, que fue quien dopó a Dan Dante. No había mayor información. ¿Serán esos los acontecimientos de los que habla Else para creer que el grimorio se encuentra en Chimbote? ¿Cuál es el vínculo con el Martyrium von Muqui? Si este es un libro esotérico de fórmulas y execraciones, es muy probable que se haya desarrollado una práctica demoniaca contra este joven. Qué posibilidades tenía para contactar con Dan Dante o su familia. Luego de algunas pesquisas preliminares me enteré que el joven publicista se encontraba en Lima, bajo un tratamiento intensivo de recuperación. Supuse entonces que no era prudente conversar con los miembros de la familia, estando el joven en un estado tan delicado, peor aún si Else estuviese merodeando la zona.

Sabía que la situación se ponía difícil, pero nada que no pudiera resolver. Traté de conversar vía chat con algunos de sus amigos que figuraban en sus redes sociales. No obstante, la incipiente y difícil confianza que gané con ellos se desvaneció cuando le pregunté a uno sobre el “Martyrium von Muqui”. Desde aquel momento nadie me respondió. Ciertamente perdí las esperanzas aunque haya confirmado que el grimorio tenía relación con dichos acontecimientos. Sin embargo, no había forma de desenvolver la telaraña, y me mantuve catatónico durante tres días con sus noches hasta que alguien desde una cuenta falsa me mandó un enlace y las instrucciones de un hacker, para poder tener acceso al mismo blog restringido que trataba de ingresar hace varios días. El usuario anónimo me recomendó que memorizara todo cuanto pueda y se despidió sin mucho preámbulo. No me dio tiempo de agradecerle, y de él no supe más.

Lo que leí fue muy revelador, es una lástima que no haya podido copiar nada, pues no imaginé que todo el contenido se bloqueara de repente. Peor aún, no recuerdo el título del blog, ya que era impronunciable. En él se habla de ese pérfido grimorio llamado “Martyrium von Muqui”, escrito presuntamente por un tal Hans Stumpp, un alemán natural de Bedburg acusado de brujería, canibalismo y licantropía en su tierra natal. Huyó a España, y luego se embarcó al Perú durante el virreinato en 1569, ahí tuvo contacto con un singular indígena minero que antes de estar bajo el yugo español se desempeñaba como Willaq Umu, lo que equivale decir, sumo sacerdote del imperio Inca, que por alguna razón desconocida se hacía llamar Muqui. Ilegalmente, Hans lo compró como esclavo a buen precio, y lo sometió a un conjunto de torturas con el fin de que Muqui, quien por su antiguo cargo conocía una serie de sortilegios y hechizos muchos de ellos relacionados con el orden cósmico. Hans obtuvo los secretos luego de que Muqui enloqueciera torturado y finalmente tragado por el mismo Hans. El supuesto brujo copio todo en unos pergaminos, y antes que pudiera practicar lo transcrito, fue capturado por la Santa Inquisición, y quemado vivo. Su caso se consideró clasificado, por las dimensiones de la brujería y el canibalismo, borrándose por orden del Vaticano de los registros de la Santa Inquisición de Lima. Los pergaminos también iban a ser quemados, pero el mismo Vaticano, pidió su traslado a Roma, para su estudio y lucha contra el diablo. Sin embargo, el documento no llegó a su destino. Su portador fue asesinado en la embarcación que lo llevaba a Europa por unos piratas ingleses, al mando de un tal John Drake, primo hermano del famoso Francis Drake. El grimorio fue destinado a la corte de la reina Isabel, pero un jesuita lo robó y escapó en plena persecución contra los católicos a rumbos desconocidos. La historia es larga, pero en resumen el grimorio pasó de mano en mano, tiñéndose de sangre. A la fecha, nadie sabe la ubicación exacta del libro, pero sí se tienen extractos, que han sido transcritos por aquellos que han logrado conservarlo en su poder un breve periodo de tiempo; a su vez estas transcripciones son también muy reservadas.

La misma fuente anónima me había adicionado otra pista: la ubicación de la vivienda del traficante Klaus Wolff. Según las referencias, la casa estaba en Miramar Bajo, frente al mar y cerca de un colegio abandonado. No debía perder la oportunidad, era posible, que Else estuviera recorriendo el territorio, pero era un riesgo que quería y valía la pena correr. Ya estaba demasiado lejos como para echarme atrás, pese a que aún no era tarde. Mi necedad no me dio alternativa. 

En Miramar Bajo mientras me acercaba más al litoral sentía que las edificaciones retrocedían en el tiempo. Conforme avanzaba cada vivienda parecía ser más antigua que la anterior hasta llegar a lo que parecería ser el bastión de los primeros pobladores de Chimbote. Dicho refugio alternadamente estaba compuesto por módulos de madera cuyo tejado triangular no permitía que éstas se eleven a una altura mayor de un piso; y también por las de material noble que lúgubres y salitrosas sufrían de un mal terminal: el hundimiento. La mayoría estaban hundidas debido a la licuefacción, que es un fenómeno recurrente en las edificaciones levantadas sobre tierras porosas o húmedas. Dicha situación me llevaba a preguntarme si en algún momento todo ese cinturón de casas antiguas se hundirían por completo, ya que muchas de ellas, en especial las que estaba frente al mar, yacían abandonas e inhabitables por la inclemencia de las olas. Pero más sorpresa me causó la casa del traficante, y creo con certeza que ésa debería ser la primera de todas en hundirse, por ser la más arruinada y sumergida del orbe. Y tal era así que de sola verla un inexplicable hilo de repulsión invadió mi espíritu. La construcción en obra negra parecía de hace más de mil años, las telarañas rodeaban la estructura salitrosa y sus dos únicas ventanas estaban bloqueadas con madera podrida. Debía descender por un conjunto sucesivo de seis peldaños de roca que simulaban una horrible escalera. En ese instante, mi excitación había calado dimensiones tan terribles que no reparé en la posibilidad de que la puerta podía estar abierta, al fin y al cabo, según mi fuente, luego de la retención de Klaus Wolff, el lugar estaría a la merced de cualquiera. Supuse que posiblemente algunos adictos lo usarían de refugio, eso me causaba un poco de temor, aunque no le di mucho tiempo a esos pensamientos. Cuando pisé el último escalón que me llevaba a la puerta, no toqué, sólo empujé despacio y para sorpresa mía, estaba abierta.

Me pregunto qué película describiría mejor el paraje donde me encontraba para que el lector pueda entender lo que vieron mis ojos. El ambiente me produjo una distorsión visual muy parecida a la del Gabinete del Doctor Caligari (1920), ya que las habitaciones tenían un estilo oscuro y retorcido con estructuras que se inclinan y giran en ángulos imposibles propias del impresionismo alemán, un momento ¿dije alemán?, pues claro el dueño de la casa tenía ascendencia alemana, según recuerdo haber leído en las notas periodísticas. Pero el ingrediente adicional y espeluznante en estas estructuras eran las figuras geométricas trazadas en las paredes, dentro de los cuales se perfilaban grotescas criaturas marinas como escualiformes de sonrisa enloquecida, moluscos alados y crustáceos antropomorfos de aspecto indecible, entre otros seres parecidos que nunca me gustaría conocer. No podía concluir otra cosa que esto era parte de una colección pictórica de demonios y seres pertenecientes a la criptozoología marina hecha por un demente amante del impresionismo. Largo tiempo me entretuve analizando los arabescos que no reparé en el olor a marihuana podrida que circundaba el ambiente, ni en que alguien me vigilaba mientras observaba extasiado.

-¿Ray Raymundo? ¿Qué sorpresa? 
-Hola Else



3. Sueños en casa del brujo

-Veo que sabes más de lo que parece. ¿Cómo es posible que estés aquí?- Else de Meerburg, arrojaba una miraba acusadora
-Pues escuche de una casa con trazos geométricos que llamarían mi atención. Tú sabes, las matemáticas.
-¡Schwachsinnig! Tú crees que soy idiota. Me has estado siguiendo, no sé cómo, pero debe ser fácil para quien posiblemente tenga contactos. No debías saber nada, no debías averiguar nada. Me caías bien. Hasta me apetecía tu carne, pero ahora serás infeliz, y habrás querido nunca haberte entrometido.

Fue el instante en que puso su mano sobre mis ojos y no pude ver más que las mismas imágenes geométricas de la habitación acompañadas de ecuaciones matemáticas, cuyo papel protagónico lo tenía la fórmula del Teorema de Cardano, pues sus números y raíces se movían de tal forma que fingían estar dotados de razón humana. Sentía las miradas altivas de aquellos números para quienes yo estaba a su merced como un esclavo caricaturesco, sus signos se disiparon y se formaron ángulos tridimensionales cuyas líneas no podía resolver, estas dieron paso a esas criaturas horribles que vi dibujadas en las paredes cuyos movimientos indicaban que se encontraban en un ceremonial pagano llevando atado a un hombre de escasa barba descuidada y lentes desgastados a una estaca de empalamiento la cual era cargada en hombros. Delante de ellos, sobre otra estructura similar, desfilaba un enano enmarrocado de notorias facciones andinas, cuya mirada suplicante, no convencía al séquito que lo ofrecía en sacrificio a una bestia negra y colosal de amplias fauces lupinas. La escena era tan visceral que procuré gritar y no podía. Cuando el demonio se hubo satisfecho con el enano, hizo un ademán para hacer lo propio con el hombre de barba desatendida al que procuré ver más de cerca. Y ése, ése era yo. Luego de reconocerme en aquel joven, ambos nos miramos fijamente de tal forma que parecía estar frente a un espejo. Sin embargo, mi otro yo, no estaba aterrado sino más bien sonreía en tanto sus piernas se torcían formando una espiral crujiendo nuestros huesos, sí, nuestros huesos, porque ahora era yo quien sonreía. Al menos eso creí. Procuré gritar de nuevo, pero no podía, no podía hasta que escuché una risa, una risa infinita de una mujer maldita, era Else, a quien veía desde muy lejos en la negrura de mis pensamientos haciéndome gestos obscenos. Y se acercaba, se acercaba parsimoniosamente sin poder moverme, mientras alrededor todo giraba, los números, las líneas, los ángulos, las raíces, el teorema de Cardano, las bestias marinas, el enano, la bestia lupina, todo giraba todo giraba en espiral mientras ella se acercaba con su risa infinita, y cuando estuvo frente a mi ojos, sólo quise cerrarlos, sólo quise cerrarlos, y dejarme ir. Es lo último que recuerdo, luego de ser despertado por unos drogadictos que rebuscaban entre mis pertenencias. Menos mal, nunca andaba con un sol en el bolsillo.

4. Destino

Ni las más crueles pesadillas pueden atormentar tanto a una vida silente como la mía. Morir vivo y soñar despierto son la ambrosía de cada día. No regresé a esa cloaca, ni regresaré más. Sin embargo; vivo pensando que estoy al acecho de algún familiar del círculo demoniaco de Else. Imagino que cualquier día apareceré en los periódicos siendo el protagonista del titular de un crimen espantoso, por eso compro el diario todos los días, para enterarme de que aún estoy vivo, por si la muerte me hubiese tomado por sorpresa. A estas alturas es difícil darse cuenta.

No, no, no quiero volver a hablar de Else ni ese ese estúpido libro. Sólo quiero asegurarme de que puedo mantenerme vivo, y sobrellevar la angustia que padezco al atisbar de lejos a cualquier europeo de notoria procedencia aria, a quienes veo como los heraldos rubios que me avizoran la muerte. Muchos amigos míos han observado este trastorno xenofóbico, ya que suelo esconderme entra la multitud del corro que me rodea cuando los veo.

Else, Else, Else, endemoniada Else, he vuelto a saber de ti anoche, mientras despertaba de una pesadilla. Y ojalá sea la última, porque es el sueño más complaciente que he tenido en muchos días. Recuerdo verte en aquella habitación con la misma risa enloquecida mientras los números y los trazos arabescos giraban provistos de una vitalidad cósmica. En aquella escena el enano andino huía azorado mientras el demonio de fauces lupinas corría al encuentro de su presa. El enano, en evidente desventaja desarrolla una extraña postura en la que levanta el brazo derecho hacia el cielo y el izquierdo hacia el suelo, moviendo la cabeza de izquierda a derecha y con las piernas arqueadas blasfemando en un idioma ininteligible que parecía ser una corrupción del quechua.

"Supay Seq’e Janan Ukhu Kai, Seq’e, Seq’e, Seq’e. Supay Seq’e."

No terminó de decir estas palabras cuando la bestia se lo trago; sin embargo, una serie de luces lineales de un color imposible de recordar o imposible de describir, posiblemente por las circunstancias propias del sueño, emergieron de todos lados, sin causar daño alguno al animal que observaba satisfecho como las líneas se entrelazaban sobre su figura, la bestia empezó a aullar por un dolor terrible desconocido, pero luego se haría evidente al notar como de éste se iba desprendiendo un humo inconcebible, para luego dar paso a una combustión espontánea del pobre animal. Y así como su muerte desfilaron muchas otras sin comprender su significado, hasta llegar a Else, aquella mujer flaca, que se presentaba con ojos incendiarios ante mí, en un aparente rito de seducción satánica, que lejos de verse cubierta de sensualidad causaba repugnancia. Al parecer yo era parte de su festín, pero no entendía cómo, lo único que entendí fue la señal que dieron las diferentes luces de colores de otro mundo que rodeaban su figura, las que evidentemente explicaban su grito de dolor infinito, mientras los huesos de sus extremidades se rompían frente a mí como quien rompe un pan baguette, lo último que vi reventar, fue su enjunta cabeza, peor que el reventar de una sandía. Indescriptiblemente esbocé una terrible sonrisa de satisfacción, convenciéndome a mí mismo que no había mejor gozo que el ver a tus malhechores muriendo frente a ti mientras te profieren algún daño. Supongo que debo de estar desquiciado. Luego de eso desperté.

Murió, sí murió. En un terrible accidente manejando una camioneta alquilada en un sector conocido por los lugareños como “la curva del diablo” ubicada en la carretera penetración a Pampas de la sierra ancashina.  Me pregunto qué motivó a Else adentrarse en lugares tan remotos del Perú profundo, seguro, ya no querré averiguarlo. La muerte según el informe noticioso fue agónica y finalmente fulminante, ya que el vehículo mientras se volcaba en el abismo ocasionó el quebrantamiento de los huesos hasta colapsar en el precipicio, hecho que culminó con la rotura de la base del cráneo. Poco me impresionó, es más sonreí cuando lo leí en el periódico; sin embargo, breve fue mi delirante júbilo cuando miré la fotografía que encabezaba la noticia. Dicha imagen enfocaba en primera plana el vehículo destrozado, pero al borde superior izquierdo de la imagen, se encontraba algo que al parecer nadie tomó importancia, ni siquiera el fotógrafo, era un libro viejo, de tapa aparentemente dura de un material desconocido. No, no, no. No creo que sea ése, ese maldito grimorio.

FIN

5 comentarios:

  1. Buscando la historia de la famosísima causa de Vinzos, me topo con estas interesantes narraciones de espíritu notoriamente porteño. Qué alegría me da ver que uno de mis exalumnos raimondinos es el artífice (o uno de ellos) de tan interesante blog. Juan Antonio, te felicito por la contribución que haces a nuestro puerto querido. Ojalá, muy pronto vea publicados en un libro tus interesantes artículos. Un abrazo de tu profesor y amigo Javier Barreno. Estamos en contacto.

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    1. Muchas gracias profesor, esta idea nació con mucho entusiasmo, allá por el año 2009. La producción bloggera ha disminuido debido a las diferentes responsabilidades que asumimos en nuestro desarrollo profesional; sin embargo, siempre me doy un tiempo para publicar alguna narrativa. Me da mucho gusto saber de usted, ya que con su método de enseñanza motivó mi gusto por la literatura. Gracias por sus buenos deseos, espero no decepcionarlo. Un caluroso abrazo.

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  4. Melina Perez19 de junio de 2018, 20:34
    Que emocionante de principio a fin , la verdad parece que si lo has vivido por la forma como utilizas los motivos . Te felicito , esta muy interesante y escalofriante , digno para una película de terror.

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