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jueves, 1 de septiembre de 2011

DIGO YO...

¿De qué debemos sentirnos orgullosos los chimbotanos?

Hace unas semanas, luego que culminara la Copa América, torneo continental de fútbol realizado este año en Argentina, y donde Perú ocupó el tercer lugar; Paolo Guerrero, el mejor jugador de la selección peruana y máximo artillero en esta justa futbolística, soltó una frase que fue muy comentada por los medios nacionales e internacionales: "Me siento orgulloso de ser peruano". Nadie duda que el buen Paolo dijo lo que dijo con un sentir nacionalista y amor a su patria que ha quedado demostrado en cada una de las oportunidades que le ha tocado enfundarse la blanquirroja al pecho y ha salido como él mismo menciona: "A matar por la selección". Desde el rol que le toca cumplir a este destacado futbolista, representándonos en las diversas competiciones donde nuestra selección de fútbol participa, podemos afirmar como criollamente se dice que:  "suda la camiseta" (entiéndase sudar la camiseta como esmerarse al máximo para defender una causa o lograr un objetivo). 

Dejemos el fútbol de lado y trasladémonos ahora hasta nuestra variopinta realidad cosmopolita de esta urbe chimbotera para preguntarnos: ¿Hace cuánto que no sudamos la camiseta por nuestra ciudad?. Aunque sería válido preguntar también si alguna vez en nuestra corta o larga existencia nos hemos enfundado la camiseta local para decir a viva voz: "Estoy orgulloso de ser chimbotano". Pero qué "significa" sentirse orgulloso de haber nacido en esta tierra, reconocida en algún momento de su historia como destino turístico predilecto de los viajeros nacionales e internacionales, y que llegó, además, a ser considerada primer puerto pesquero del mundo, lo que determinó finalmente la supremacía del orden industrial por encima del auge turístico con resultados que todos conocemos (contaminación de la Bahía y deterioro de un paraje paradisiaco ).En la actualidad, a pesar de la caótica situación medioambiental (Chimbote y Huancayo son las ciudades más contaminadas del Perú según lo revela un Informe elaborado por el Consejo Nacional del Medio Ambiente), la naturaleza  ha resistido los embates de la necedad y el oportunismo de los industriales y se han podido preservar espacios con un valor turístico importante como: la Isla Blanca, Caleta Colorada, Las Loberas del Ferrol, el Valle del Santa entre otros; si a estos paisajes le sumamos la riqueza histórica que precede nuestra cultura, la diversidad culinaria en base a pescados y mariscos - muy apreciada en el país y  el mundo entero -,  además de los personajes destacados en deportes, literatura, música y pintura - que nos llevaría a enumerar una lista muy larga - terminaríamos concluyendo que los chimbotanos tenemos muchos motivos para estar orgullosos de nuestra ciudad. Sin embargo, bastará, acaso, con declarar ese orgullo sin la más mínima muestra de civismo, que en mérito a nuestro rol de ciudadanos nos compete y debemos asumir. Desde un planteamiento positivo, el sentimiento de orgullo, podemos comprenderlo como la autovaloración adecuada de los valores, costumbres, arte, organización, historia y la cosmovisión de un pueblo, elementos que finalmente ayudan a forjar la IDENTIDAD de una ciudad. Es esa valoración íntima que llamamos orgullo  la que debe llevarnos a actuar de manera responsable y comprometida con el desarrollo integral de nuestra ciudad.

Entrelazando la diversidad de elementos históricos, culturales, artísticos y humanos que posee nuestro puerto con la falta de compromiso social en la que suele recaer la comunidad chimbotana, que en la mayoría de los casos vive aislada de la información básica sobre sus orígenes, evolución y desarrollo histórico, podemos concluir que como en el amor: uno no puede sentirse orgulloso ni amar aquello que no conoce. Es ese desconocimiento el causante de la apatía y falta de compromiso que demuestran la mayoría de nuestros paisamos a la hora de asumir su rol cívico. Resulta propicio entonces, ahora que el término INCLUSION ha sido puesto en el tapete de las discusiones políticas, que las autoridades responsables del sector educación promuevan una inclusíón cultural basada en una propuesta educativa regionalista que tenga como punto de partida las escuelas, difundiendo contenidos que ayuden a moldear las conciencias de los niños  fomentando un arraigo local sólido en ellos; así podremos sentirnos ORGULLOSOS, unos años más adelante, de haber ayudado a forjar una nueva generación de chimbotanos.

2 comentarios:

  1. No voy a ahondar mucho, gracias a youtube he llegado a este interesante blog. Tus palabras me hacen ver que en mi querido puerto también hay cabida para el interés cultural y la creación, primera piedra de un futuro prometedor. Seguiré disfrutando de vuestra publicación y desde ya les deseo los mejores éxitos. Ronald

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  2. Lo bueno debe comentarse. En ese sentido me siento alegre al saber que un grupo de jóvenes desde una perspectiva de la realidad están asumiendo su compromiso como ciudadanos auténticos.¡Adelante! sigamos cambiando la imagen de nuestro Chimbote.
    Atentamente. CULTURA EACH.

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