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Son las 9:33 a.m. A esta hora sólo estamos mi madre y yo en casa. El viejo se encuentra en ACERINA, cumpliendo sus labores cotidianas al frente de su máquina tubera. El pequeño Arturo está en la escuela. Katia, la menor de mis hermanas, asiste a la universidad por las mañanas; en un año se graduará de abogada con todos los honores. Mi padre adora a Katia, la engríe como si fuese una niña: compra todo lo que ella le pide, accede a sus caprichos con una dulzura impecable y le ha otorgado la libertad para que pueda salir a divertirse los fines de semana y llegar a casa a la hora que le plazca. A mí no me disgusta que el viejo sea tan desprendido con mi hermana, por el contrario, avalo su decisión, pues Katia hace los méritos suficientes - ocupando el primer puesto en su clase durante los ciclos que lleva cursados - para merecer todas esas gollerías.
En memoria de Oscar Ugarteche
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Un breve homenaje a Oscar Ugarteche
Este año caminé una vez más en la marcha del orgullo de Lima y lo hice con
la firme convicción de que es necesario vi...
Hace 3 semanas.


