.
RSS Facebook Twitter YouTube
Mostrando las entradas con la etiqueta narrativa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta narrativa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de julio de 2015

TODOS TENEMOS UN AMIGO COMANDO


El gordo “Tele” gritó el gol de ‘Pepito’ con tal fervor que su gruesa voz se dejó oír hasta la prolongación de las calles vecinas. ¡Golazo! ¡Sí señores! ¡Golazo!. El “Gordo” solía ser un fiel aficionado de nuestras pichangas; no era el único, pero sí el más efusivo. A ‘Pepito’ no le cabía la alegría en el pecho y brincaba repetidamente sobre el terral  de la avenida Aviación celebrando su conquista como si aquél gol suyo le estuviese dando el título del Descentralizado al equipo de  Alianza Lima (del cual era hincha), luego de dieciocho años de sequía. En ese momento, Pepito Zárate se disfrazó de goleador y convirtió uno de los mejores goles que se hayan visto en las pichangas vespertinas que solíamos jugar con los amigos del barrio en la zona conocida como “la baldosa”. Había sido un tremendo zapatazo. Un golpe seco de pierna derecha que impulsó  el balón con tal velocidad que el buen portero Mota solo la vio pasar. Esa tarde me lamenté de no haberlo elegido para conformar mi equipo. Usualmente él, junto al gordito “Noni” esperaban hasta el final para ser incluidos en alguna escuadra. Por la noche, nos reunimos – como era costumbre -  en el frontis de mi casa a rememorar nuestras batallas futboleras hasta altas horas. Pepito no se cansaba de explicar la manera en que había golpeado el balón para que obtuviese una trayectoria imparable. Eran las vacaciones escolares  de medio año de 1994; hace no mucho que Brasil se había coronado campeón Mundial de fútbol en el Torneo realizado en Estados Unidos, así que el balompié nos carcomía el coco. Pasábamos gran parte del día  hablando de los cracks del momento, tratando de imitar sus jugadas acrobáticas durante nuestras pichangas e intercambiando figuritas en nuestro afán por completar el álbum mundialista. Para Pepito Zárate esa había sido una jornada memorable. Sus ojitos de colibrí brillaban en la noche, desnudando la emoción de su alma. No recuerdo haberlo visto tan feliz como aquél día…Ni siquiera cuando terminaba como campeón de los torneos de ajedrez que Jaime Alvarado organizada en el barrio para promover el deporte ciencia.  En el primer recreo del reinicio de clases, Pepito trató de repetir su magistral jugada una y otra vez. En la escuela reconocían sus habilidades oratorias, esa facilidad que tenía para hilvanar ideas con fluidez sobre diversos temas,  pero nadie lo tenía como un anotador de goles. Sin embargo Zárate había ganado moral a raíz de aquél golazo. Tomó el balón y se paró en el centro del campo. “¡A ver quién tapa!”. Carlos Albújar, portero oficial del Quinto “D” aceptó el reto y corrió hacia el pórtico de fierro. Ubicado como un guardameta experimentado se frotó las manos en señal de que estaba listo para recibir el disparo de Pepito. Durante unos minutos el colegio se detuvo a mirar lo que acontecía en el campo deportivo. El primer remate fue contenido con facilidad. “Estoy calentando”. Luego del quinto disparo Pepito Zárate había calentado tanto que podía freírse un huevo en su rostro. Algunas gotas de sudor bajaban de su cabeza a la altura de las patillas; lucía sofocado pero aún con fuerzas para ejecutar un remate más. El golero Albújar, en cambio, estaba tranquilo, confiado en que aunque Pepito patera cien disparos nunca anotaría un gol. La multitud estudiantil permanecía atenta al desenlace. Una vez más  Zárate retrocedió para tomar vuelo y emprendió una acelerada carrera en puntillas; esta vez decidió meterle un puntazo al balón, elevándolo dos metros por encima del arco. La pelota siguió una trayectoria perpendicular hasta terminar incrustada como un misil en la oficina de secretaría luego de destrozar los cristales.  Pepito Zárate fue suspendido una semana de la escuela. En casa, su padre le propinó tremenda tunda de latigazos y le prohibió salir a la calle durante un mes. Cuando pasó el tiempo del castigo fuimos a buscarlo. Nos paramos frente a su puerta y lanzamos silbidos de guerra acompañados de nuestro llamado característico: “Pepito para jugarrrrrrrr”. “Pepito para jugarrrrr”.Pero Pepito Zárate nunca respondió. Ni siquiera se asomó a la ventana para darnos el santo y seña que significaba que debíamos aguardarlo agazapados en los arbustos  del narigón Fernando.
La segunda mitad de nuestro último año escolar pareció correr más rápido. Vivíamos tan ajetreados resolviendo las tareas que los ‘profes’ dejaban a diario -  como si trataran de vengarse por los cinco años que los habíamos hecho padecer -   que no hubo tiempo para despedirnos del terral de la avenida Aviación con una aguerrida pichanga de fútbol. Una mañana de Septiembre la maquinaria pesada del Municipio se apostó en nuestro fortín futbolero y enterró gran parte de nuestra infancia, dejándonos el corazón hecho añicos. Pepito Zárate se mostró insensible ante nuestra congoja.  Después de aquella mala jornada que le costó la expulsión de la escuela no quiso volver a compartir momentos de tertulia con el grupo, ni siquiera participó del torneo de ajedrez por el día de la juventud que organizó Jaime Alvarado y premió, como nunca antes, con veinte nuevos soles al ganador. Tampoco lo vimos como otros años reventando cohetones la noche de navidad ni quemó el tradicional muñeco para recibir el nuevo año. El “cabezón” Alán, a quien Pepito consideraba como su mejor amigo, pudo hablar con él una tarde. En una plática que se prolongó hasta el anochecer, le contó su decisión de no volver a patear un balón de fútbol. “Hay que dedicar el tiempo a cosas importantes. Yo quiero ser un buen profesional”.  Pepito Zárate se había dedicado los últimos meses a ‘chancar’ duro. Sobre su mesa de estudios habían libros de algebra, geometría, física elemental, química y varios prospectos de diferentes universidades del país. Su objetivo era conseguir en su primera postulación, una de las vacantes a la carrera de Derecho en la Universidad Nacional de Trujillo. Por entonces, nadie en el grupo se preocupaba por definir  ese tema; aquél era un asunto que tendría que “caer por su propio peso”.  

martes, 1 de octubre de 2013

La hora del cuento: Travesías en el Malecón


Por:
Marco Antonio Silva Mantilla

Es noche de sábado y en todas las arterias de la ciudad un gentío de jóvenes y adolescentes se alistan para salir de rumba. Los motivos sobran: El cumpleaños del amigo, la dicha porque al fin la hembrita que tanto le gustaba se decidió a darle el sí, el gran triunfo de la selección de fútbol sobre su similar de Venezuela, haber conseguido “chamba” luego de varios meses de intensa búsqueda o simplemente el deseo de querer ‘pegársela’ hasta que alumbre el gringo. En fin, una diversidad de razones y sin razones que alborotan la mente de miles de jóvenes que esperan hacerla “linda” una noche de sábado.

Richi tiene 21 años y a su edad ha recorrido todos los centros de diversión habidos en la ciudad. Los “bacanes” y los “monses”. Aquellos donde no pasa nada con las flacas y los otros donde abundan los buenos “lomos”. Él se las sabe todas, pues empezó a salir con sus “patas” del barrio “El Acero” desde que tenía dieciséis y para este tiempo cuenta con la “cancha” suficiente en cuestión de mujeres y diversión, por lo que suele sacarle el máximo provecho a un fin de semana.

miércoles, 20 de junio de 2012

La hora del cuento: Camotes Fritos


- Lloro por todo. He llorado mirando la Sirenita, el Rey León y Pocahontas. – Camila escondió su carita con su bolso, creo que se sonrojó.

- Yo lloro cuando estoy enamorado, no sé bien por qué. Pero lloro. Busco refugio en el mueble o debajo de la cama y sólo lloro. – René no escondía su cara, pero le fijaba sus ojos en los de Camila, y se notaba que era muy adrede, pues buscaba como sea sus ojos y tenerlos allí

jueves, 3 de mayo de 2012

LA HORA DEL CUENTO: El perro Vagabundo...


La tarde yacía fría y melancólica. Una ligera garúa acompañaba a los tres pobres diablos que compartían - sentados en el piso de la vieja estación ferrocarrilera - un plato con frijoles que parecían ser de varios días atrás. Fue una sorpresa hallar en medio de ese trío a Dante, ex - compañero de la universidad, que era otro tipo con su vestido harapiento y un olor a “perro vagabundo” que no ha recibido un baño en muchísimo tiempo. Eso es lo que parecía sin exagerar Dante, un “perro vagabundo”. Se me vino entonces a la mente la imagen de aquél muchacho alto y fuerte que conocí una lejana mañana de abril en la interminable cola de un banco, al que ambos – coincidentemente - acudimos para pagar nuestro derecho de matrícula universitaria. La cola era tan larga que traspasaba la puerta de ingreso del local y se extendía varios metros por la céntrica avenida Bolognesi. Casi al final de la fila yo bostezaba de aburrimiento, mientras que Dante,  parado delante de mí, leía un diario deportivo. Cuando vi que dobló su periódico y lo guardó en el bolsillo  trasero de su pantalón, me animé a pedírselo prestado. Sin inconveniente sacó el diario y lo puso en mis manos, recomendándome en tono sarcástico que no olvidara devolvérselo. Ese Dante había sido un gran platicador, al toque me hizo la conversación y como a mí nunca me gustó quedarme atrás, le seguí el hilo de la plática, hasta enterarnos que en unos días seríamos compañeros de clase en la escuela de periodismo. La estancia del “zapatón” – apelativo con el que se hizo conocido en la universidad  por el exagerado tamaño de sus pies –  duró apenas un par de años. A mitad de la carrera su silueta, repentinamente, dejó de pasearse por el pool de la escuela. Nadie nunca más, hasta esa friolera tarde en que volví a verlo, supo de aquella promesa del periodismo que pudo ser pero que nunca fue. Jamás hubiese podido imaginar que aquel pitillo de marihuana que probó una noche, con el pretexto de aliviar así el estrés que le producía la abrumadora carga académica y liberarse, además, de las broncas con su padre, sería la excusa para terminar en el miserable personaje que tenía frente a mis ojos. ¡Carajo! ¡Qué mal se veía Dante junto a esos pordioseros!

lunes, 6 de junio de 2011

EL AMANECER SE LLEVO LAS VOCES

La noche del lunes dieciocho de abril todos – excepto Leoncio - se reunieron en casa de Susana Hurtado para ultimar detalles sobre el campamento. Hasta ese día el destino elegido para acampar había sido la playa de Tortugas, un concurrido balneario del distrito de Casma, a sólo cuarenta y cinco minutos de Chimbote en automóvil. Sin embargo, el otro destino, aquél extraño vagabundo, a veces sabio, a veces cruel; acostumbrado a servir la mesa siempre con anticipación, tenía preparado un banquete distinto para los jóvenes campistas. Un itinerario condimentado con un extravagante final que nadie ha sabido explicar.

Karina Gonzáles, prima hermana de Susana, cumplía años el viernes veintidós de abril. Coincidentemente, por curiosidades en la variación del calendario católico, la fecha de su onomástico estaba enmarcada dentro de los siete días que el catolicismo reserva en el año para conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo (Semana Santa). Sí, Viernes Santo. Fecha en la que, como todos saben, se revive la crucifixión del buen Jesús. La idea de salir de la ciudad para acampar se fabricó en la mente de las primas la semana anterior, unos días después de que Karina arribara a Chimbote proveniente de Lima - donde estudiaba diseño gráfico y hacía Part Time en una prestigiosa editorial - decidida a pasar unas alegres y divertidas vacaciones en el puerto.

domingo, 8 de mayo de 2011

Travesías en "La Jungla"

Es noche de sábado y en todas las arterias de la ciudad un gentío de jóvenes y adolescentes se alistan para salir de rumba. Los motivos sobran: El cumpleaños del amigo, la dicha porque al fin la hembrita que tanto le gustaba se decidió a darle el sí, el gran triunfo de los cremas sobre su clásico rival Alianza Lima, haber conseguido “chamba” luego de varios meses de intensa búsqueda o simplemente el deseo de querer ‘pegársela’ hasta que alumbre el gringo. En fin, una diversidad de razones y sin razones que alborotan la mente de miles de jóvenes que esperan hacerla “linda” una noche sábado.

lunes, 14 de marzo de 2011

DELIRIOS DE TRITÓN - Nerón incendia Chimbote


El artista psicótico, retratado en las documentaciones de Suetonio y Dión Casio, nos trae a la mente a un Nerón amante de la belleza, de la perfección, de la superposición de las formas sobre el fondo. Él era el rey del mundo y también su destructor. Sus delirios eternos hacían sonreír a los muertos desde sus tumbas, y quienes se oponían a su grandeza sólo conseguían mirar un cadáver frente al espejo. 

Si este artista, cómicamente, hubiera sido el emperador de Chimbote. Difícilmente lo imaginaríamos desde su triste palacio frente a la Plaza de Armas con entusiasmo aprobatorio. Sino más bien, paseando sus ojos lacónicos sobre un catatónico plan de desarrollo urbano que originariamente parió sesenta manzanas cuadradas, se habría alocado siete veces siete. 

jueves, 10 de febrero de 2011

Un Castillo de Arena Dentro del Valle de Santa

Escucha la crónica aquí:

Si caminas por el centro de Chimbote te darás cuenta que tiene muchos castillos, que, a diferencia de las brillantes construcciones mágicas de Walt Disney, parecen de una familia de armatostes tristes, callados, como si obligatoriamente perteneciesen a una eternidad que les duele en sus cimientes. Nota arquitectónica: los edificios de Chimbote son de una estructura cuadrada, como salidos de un molde para ladrillos gigantes. La arquitectura de Chimbote proviene de los ágiles, y no muy estéticos, logros de un plan de desarrollo urbano de 60 manzanas que Enrique Meiggs presentó al gobierno, siendo aprobado un 23 de enero de 1872. Meiggs era experto en el trazado de calles, anteriormente había sido miembro del consejo edilicio de San Francisco (California) donde fue urbanizador de terrenos abandonados transformando esos lugares en zonas de explotación comercial y residencial. Nota epónima: la calle paralela a pardo, que también es parte de la Panamericana Norte, lleva su nombre. Actualmente en Chimbote se puede comprobar que se ha edificado cumpliendo sólo el 65% de su diseño.

martes, 28 de diciembre de 2010

Mamita Esperanza


Apenas descendí del autobús que me trajo de regreso a Chimbote una ráfaga de recuerdos empezó a dispararse en mi mente. Creí ver a mi madre abriéndose paso entre todo ese mar de personas que iban y venían de un lado a otro en el Terminal Terrestre. La imaginaba acercándose a mí con los brazos abiertos, con su rostro aplanado y el vestido azul que usaba siempre en las ocasiones especiales, disimulando una sonrisa para que no se notara su dentadura corroída por las caries. La última tarde en que la vi estuvo más triste que de costumbre; no era para menos, pues ese día tuvo la mala fortuna de descubrir que su único hijo varón era un vil ladrón. Hasta entonces, mamá había replicado a las mujeres del barrio que me acusaban constantemente de ser yo el que ingresaba a sus casas de madrugada a robarle sus animales o la ropa que dejaban tendida en los cordeles.
- ¡Mi julito no es ningún ratero, ustedes andan diciendo puras mentiras de él, son unas chismosas y habladoras!
- ¡Ay doña Esperanza! ya se dará cuenta usted misma que nosotras no hablamos demás y que su hijo anda en malos pasos. Debería corregirlo y prohibirle que se junte con esos chicos de las pandillas.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Sebastián Embelesado 3 - Divertido cuento navideño

Soy José Sebastián, un idiota alunizado, de quien sus amigos, analistas y catedráticos piensan que es un huevón por no decidirse a robarle un beso a Jade, cuyo enamorado recién la había terminado.

Después de las doce de la noche, en una común navidad, iba a dejarle una tarjeta y un regalito más.

Llegué a las afueras de la casa con un terrible dolor de panza, me sentía estreñido. ¿Serían los nervios? Tenía que pasarme justo en aquel momento. Pero no importó, traté de sobreponerme a la angustia y planear cada uno de los detalles de ese encuentro entre ella y yo y yo y ella...La imaginaba diciéndome ¡Feliz navidad, amigooo! y yo...¡Feliz Navidad Jade, mira...hice esto para ti!...ay ¡qué lindo! gracias Sebas...y eso me diría seguro mientras me regalaba un caluroso abrazo.

-Oye sonso, qué haces ahí parado pensando, ven entra al toque.
-¿Ah?...sí, sí..ya voy...

No podía creerlo, el destino me la mostraba por primera vez con una falda, y una muy pequeña. Tan pequeña como para mirarle las piernas de un modo no tan inocente.

-Rápido, cierra la puerta y sube las escaleras-me dijo sin darme tiempo de saludarla.

Sentí que había entrado a un hoyo negro, donde se disuelve por completo la sensación de espacio y tiempo.  Todo estaba tan oscuro. Su silueta se desvaneció en ese cosmos nebuloso al subir las escaleras que la llevaban del primer al tercer piso. Por los sonidos de sus tacos intuía que Jade estaba adelante, subiendo a todo vuelo. Y yo al mismo ritmo la perseguía perdido en las tinieblas. No veía nada pero quería verlo todo. A unos cuantos peldaños estaba ella con una falda corta, muy corta...recorta...quien sabe si a lo mejor su trasero estaba en mis narices.
Era la primera vez que me hacía pasar a su casa. No me lo esperaba. Pensé que sólo me recibiría en la puerta como era de costumbre. Pero no, me hizo subir, y detrás de ella, en la negrura de las sombras, con un vestido cardíaco y un olor a pecado, ¿qué debía yo pensar? ¿que era mi noche? ¿mi regalo de navidad carnal? ¿me querrá violar?

viernes, 3 de diciembre de 2010

El Perro Vagabundo

La tarde yacía fría y melancólica. Una ligera garúa acompañaba a los tres pobres diablos que compartían - sentados en el piso de la vieja estación ferrocarrilera - un plato con frijoles que parecían ser de varios días atrás. Para mi sorpresa, hallé en medio de ese trío a Dante; ex - compañero de la universidad, que era otro tipo con su vestido harapiento y un olor a “perro vagabundo”, que no ha recibido un baño en muchísimo tiempo. Eso es lo que parecía – sin exagerar - Dante, un “perro vagabundo”. Se me vino entonces a la mente la imagen de aquél muchacho alto y fuerte que conocí una lejana mañana de abril en la interminable cola de un banco, al que ambos – coincidentemente - acudimos para pagar nuestro derecho de matrícula universitaria.

jueves, 25 de noviembre de 2010

DELIRIOS DE TRITÓN: Una andanza por el Muelle Gildemeister (Chimbote)



Éramos Rhazú, Renzo y yo, a las afueras del Muelle Gildemeister, quienes percibíamos el ambiente como un videojuego de aventura, a la espera -y en posición de ataque- de algún mutante pescador con lanza en mano que se le ocurra atravesarnos como anticuchos. Los mutantes parecían sólo coquetear con nosotros, pues se acercaban y alejaban, mirándonos como bichos raros pero sin intenciones de atacar. Poco a poco nos dimos cuenta que no había que temer, que los mutantes no nos harían daño y que habíamos pasado victoriosos nuestro primer nivel. 

miércoles, 27 de octubre de 2010

DELIRIOS DE TRITÓN: La Creación de Operación Fishland

Ahora sí se pueden ir al carajo todas esas discrepancias filosóficas sobre los cumpleaños. Nunca falta algún aguafiestas inquisitivo que te dice que no es un año más, sino un año menos ya sea porque nuestro sistema biológico se deteriora, o porque reducimos la brecha de esperanza de vida promedio. Que el diantre se los coma, ahora, porque Operación Fishland no se menoscaba, no tiene un sistema biológico, no hay esperanza de vida para los blogs o ninguna de esas palabrerías mayéuticas. OF se ha tragado el elixir de la vida eterna y nació para no morir. 

jueves, 9 de septiembre de 2010

Entrevista a TucuyRicuy // Premios Robados

ENTREVISTA A TUCUYRICUY


PREMIOS ROBADOS

Antes de entrar a la ceremonia de los “20blogs peruanos”, Tucuy Ricuy me llamó. Al colgarle, supe que esa noche comenzaba allí.

“Cholo, estoy por Puente Piedra, ¿puedes recoger el premio por mí?”, me dijo por celular. Asistía al evento por tercer año consecutivo (no me siento bien por decirlo). Esa noche del 27 de agosto, fui programado para zurrarme en la ceremonia hasta esperar la comida y los tragos cortos.

miércoles, 2 de junio de 2010

UN RARO MAL


Un hombre muy enfermo espera su diagnóstico. Llega el médico con cara de afligido a informarle:
"Mire, amigo, tendrá que ser fuerte, ¡usted tiene la enfermedad de McFerson!"
"¡Dios mío! ¿Y eso es grave?"
"Tomará su tiempo descubrirlo, señor McFerson".

Marco Antonio Silva Mantilla
_______________________________________________________
Pintura: Lamento decirle que está mal del corazón de Alfredo Alcalde García

martes, 6 de abril de 2010

UNA NOCHE INOLVIDABLE

Si el logro  más valioso que uno puede alcanzar en la vida es la felicidad, que a nadie le quepa la menor duda que el pasado viernes 19 de mayo Lenin Castillo y Enver Lavado  - hasta ese día dos  desconocidos en el ambiente futbolero chimbotano - gozaron e hicieron delirar a la fanaticada que se dio cita en las instalaciones del Polideportivo de Casuarinas en Nuevo Chimbote, con una demostración majestuosa de vergüenza deportiva, buen toque y goles fantásticos que los encumbró hasta la final del tradicional cuadrangular de fulbito entre periodistas.  

 Enver Lavado

lunes, 8 de marzo de 2010

EL AMOR ES PARA LOS VALIENTES

3
Son las 9:33 a.m. A esta hora sólo estamos mi madre y yo en casa. El viejo se encuentra en ACERINA, cumpliendo sus labores cotidianas al frente de su máquina tubera. El pequeño Arturo está en la escuela. Katia, la menor de mis hermanas, asiste a la universidad por las mañanas; en un año se graduará de abogada con todos los honores. Mi padre adora a Katia, la engríe como si fuese una niña: compra todo lo que ella le pide, accede a sus caprichos con una dulzura impecable y le ha otorgado la libertad para que pueda salir a divertirse los fines de semana y llegar a casa a la hora que le plazca. A mí no me disgusta que el viejo sea tan desprendido con mi hermana, por el contrario, avalo su decisión, pues Katia hace los méritos suficientes - ocupando el primer puesto en su clase durante los ciclos que lleva cursados - para merecer todas esas gollerías.

martes, 12 de enero de 2010

Sebastián Embelesado 2

Primero, el gusto; luego, el embelesamiento; y por último, el enamoramiento.

Pedazo de Juan Antonio, otra vez me empujas a escribir. ¡Bendito loco! Ojalá aprenda algo de esto. Bueno, al menos me siento muy bien desfogando mis locos pensamientos, que gracias a este blog se inmortalizarán.

¡Qué pena! Jade ha cautivado mis sentidos a pesar que nunca deja de hablarme de su "feliz" enamorado. !Qué caprichoso es a veces el destino!. Aunque en situaciones como la mía, la responsabilidad absoluta le corresponde al juguetón de Cupido, quien al parecer anda, últimamente, medio cegatón y no da pie en bola con sus flechadas. Sin embargo, tengo como punto a mi favor, percibir - como buen sabueso - el desfallecimiento paulatino de su relación  a causa de la abrumadura  rutina y los terribilísimos celos del inseguro enamorado (tema clásico del ocaso de las relaciones). Este aroma necrófito me vuelve más imbecilado que nunca, perdón embelesado; aunque claro, quiera la Luna no me llegue a enamorar de Jade, porque allí sí que pierdo.

Analizando la relación - amical, no se piense otra cosa -  que llevo con Jade, me doy cuenta que nuestros gustos son abismalmente opuestos. Mientras yo me excito con pasión desenfrenada al mirar una  peli histórica, épica, violenta o salvaje, ella se emociona cuando tiene al frente alguno de esos dulces y tiernos ratoncitos, perritos y otros animalitos más, personajes inmortales de la saga  de Walt Disney. Si empiezo a hablar de actualidad o del raro origen psicoanalítico de los hombres lobo, ella muestra su somnoliento rostro de aburrimiento y me pregunta: "¿ya terminaste, Sebas?". Sin embargo, prefiere hablarme sobre las aventuras de cuantos animalitos cría: su perrito, su gatito, el pajarito. !Vaya sí tenemos diferencias! Si yo tomo agua mineral ella come grasa y calorías; si se molesta, yo me río, y si yo me molesto es porque ella ríe. A veces me pregunto si lo hará a propósito. A pesar de todas las diferencias existenciales y absurdas que tenemos, prefiero vivir embelesado - al menos en este tiempo - por Jade; además, así me pongo a salvo de tantas lobas acosadoras que caminan por el jardín dispuestas a colocar en mi manos el "cuerpo" del  pecado. Honestamente, disfruto mucho de este estado de embelasamiento, pues aunque parezca mentira, así embelesado como estoy, encuentro una paz interior media cucufata.

viernes, 8 de enero de 2010

Sebastián Embelesado 1

Sebastián, sí, así me llaman. Empiezo a escribir a causa de un pavo llamado Juan Antonio que cree que ha encontrado en mí a un tío interesante, estrambótico y lunático lupino, que puede contar muchas historias chimbotanas, él alucina que tengo un gran potencial: eso me hace sentir un poco importante, sólo un poco. Convenció a mis licántropos pensamientos para escribir en un blog de Chimbote metiéndome un chamullo maldito que el mismísimo Zeus le partiría el culo con un rayo por espeso pero que al fin y al cabo me interesó. Sé que a lo mejor no les importa esta tonta explicación, pero será mejor que la sepan antes de lanzar cualquier torpe crítica y hacerles saber estimados lectores que yo escribo bajo presión, bajo mucha presión…jaja…

Sí, sí, soy José Sebastián, pero todos me llaman Sebastián, que más da, y ahora ando medio confundido. Estoy confundido. ¿Así dicen todos no? Así pues dicen cuando no saben qué es lo que se siente realmente por alguien cuando te empieza más que a gustar. Esta terrible confusión, esta causa extraña que electrocuta mi alma, enciende mis suspiros como llamarada, me hace aullar como un lobo loco durante mis tristes soledades de luna llena, desbarata mis testosteronas misma explosión termonuclear y me hace sentir tan pero tan bien, tiene por nombre Jade.

martes, 5 de enero de 2010

EL AMOR ES PARA LOS VALIENTES

2

- !Rodrigo!...!Rodrigo! - llama mi madre mientras le da golpecitos a la puerta de mi habitación

No tengo ganas de responder. Es más ni siquiera tendría porque hacerlo, pues para esta hora este cuerpo desbalijado de ilusiones, de anhelos, sin esperanza, no debía ser más mío sino de la muerte. Hace semanas que me armé de un pequeño arsenal de pastillas: Nascarat Sódico de 500 mg. Una dosis exagerada del medicamento puede paralizar, en poco menos de una hora, el corazón más fuerte. Desaparecer el sufrimiento empernado en el alma. Acabar, a punta de convulsiones, con la frustración. Que lástima que hasta ahora no haya podido armarme del valor suficiente para descascarar las tabletas y zamparme de un solo porrazo el Naproxeno.

- !Rodrigo!...!Rodrigo! - vuelve a decir mi madre, tocando esta vez con más insistencia la puerta.