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martes, 14 de agosto de 2012

Leyendas de Chimbote: La desaparición de la Moby Dick



Un misterio sin resolver

El pasado 04 de junio se cumplió 53 años de la desaparición de la lancha Moby Dick con sus trece tripulantes.



 Un texto de Marco Antonio Silva Mantilla

Cuando recibió la noticia se quedó petrificado, inundado por las dudas, el desconcierto y el miedo. Por un momento imaginó que se trataba de una broma, la más cruel y despiadada de todas las bromas que había recibido en su vida. “La Moby Dick ha desaparecido misteriosamente en el mar con toda su tripulación sin dejar rastro alguno”, le dijeron. La sentencia retumbaba en sus oídos. ¿Acaso era posible? De ser verdad aquello, la suerte que había tenido de no abordar la embarcación esa fría noche de mayo, a pocas semanas de celebrarse San Pedrito.

Edmundo Chinchayán Huaraz tiene ahora ochenta y dos años; apenas oye y las manos le tiemblan al hablar. Por momentos lo invade una extraña sensación de apremio que lo invita a abandonar su cama para reiniciar la inútil búsqueda de sus trece compañeros de faena, extraviados en altamar mientras pescaban en la Moby Dick, pero es consciente de que sus piernas ya no obedecen los mandatos de su cerebro ni los deseos de su corazón.

La mañana del 24 de mayo del año 1959, don Edmundo alistaba sigilosamente su indumentaria de pesca, mientras en la cocina, su esposa Isabel Infantes, quien en pocos días cumpliría nueve meses de gestación, le preparaba un desayuno a la chimbotana: pescado frito con yucas y un nutritivo chilcano. La travesía sería larga y a Chinchayán le gustaba despedirse con los inigualables sabores de la comida casera. Antes de las once de la noche debía estar en el muelle, listo para zarpar junto a una docena de tripulantes rumbo al sur, hacia donde el cardumen se había dirigido siguiendo la corriente marina. Aquella tarde la pasó acariciando la barriga de su mujer, escuchando los latidos de su vástago que se movía con más ahínco, anunciando así su deseo de ver pronto la luz del mundo. “Mi hija Cato me salvó la vida”, recuerda agradecido este vetusto hombre de mar.

La lancha Moby Dick tenía un prestigio ganado en la ciudad, no sólo por el llamativo nombre con el que había sido bautizada, sino porque, dentro de la flota pesquera de aquel entonces, era una de las más grandes y exitosas. Las veinte toneladas de peces que podía almacenar su bodega quedaban cortas para tanto cardumen que terminaba por rebalsarse en la embarcación. “Esa fría noche de mayo fue la última vez que vi a mis compañeros y a mi nave; y pensar que yo pude haberme perdido con ellos, pero Dios no lo quiso así, qué habría sido de mi mujer, de mi hija que estaba por nacer”. Un suspiro de consuelo abriga el alma de Don Edmundo. “Cuando estuve a punto de abordar la lancha, se apareció dando trancadas un vecino del barrio, en la cara se le notaba que me traía malas noticias. Apenas lo vi se me vinieron a la cabeza ideas trágicas, pensé que algo le había ocurrido a mi mujer que ya tenía las horas contadas para su parto, y era casi como lo suponía, mi hija se encontraba desesperada por salir y le produjo a Isabel fuerte dolores en su vientre que la tendieron en la cama”. En ese momento el patrón de la embarcación le dio a elegir entre zarpar o regresarse a casa. El amor a su esposa y a la hija que estaba por nacer hizo que Edmundo Chinchayán no dudara al momento de tomar la decisión de desembarcarse esa noche, sin imaginar que de ese modo le seguía el juego al destino que le estaba salvando la vida.
Antes de retornar a casa, don Edmundo escuchó el estruendo del motor encendido de la Moby Dick, la vio alejarse poco a poco del muelle, perdiéndose en una bruma espesa en medio del bullicio de la tripulación que se esmeraba con los aparejos de pesca. Jacobo, uno de los tantos pescadores venidos del norte que no tenían embarcación fija, aguardaba en el muelle la oportunidad de embarcarse en cualquier lancha. Aquel día tuvo la mala fortuna de reemplazar a Chinchayán. “De un momento a otro sentí la necesidad de dar media vuelta y allí estaba el muchacho, alzándome la mano desde la proa, mostrando una sonrisa de satisfacción por zarpar. Seguro que ni en sueños supo que el mar lo tragaría”.
  
La madrugada del día 27 de mayo, Edmundo Chinchayán Huaraz se convirtió en padre por primera vez. Su mujer, Isabel Infantes, alumbró una niña en cuyas facciones infantiles se podían notar los rasgos del orgulloso papá. A esa misma hora, la Moby Dick y sus tripulantes arreciaban en altamar, lanzando sus redes al océano. Una y otra vez jalaban el boliche, mientras la brisa marina se pegaba en sus rostros y las olas mecían la embarcación. Dos días después arribaron a Huacho, con la bodega “cachanga” (repleta) de bonito. Allí pasaron unas horas de reposo, cenaron y compartieron recuerdos de travesías pasadas. “Con esta pesca sí que vamos a tener un buen San Pedrito”. El entusiasmo se desbordaba en la mesa. Jacobo soñaba despierto con la tremenda huasca que se daría cuando estuviera de vuelta. Sin lugar a dudas que todos visitarían “La Casa Blanca”, el céntrico burdel donde los pescadores solían celebrar una buena faena.

El 31 de mayo la Moby Dick salió de Huacho rumbo al norte, en dirección al puerto de Chimbote. En un primer momento tenían planeado ir hacia Lima para vender el pescado, pero en la capital el bonito costaba un sol el kilo mientras que en Chimbote se estaba pagando un sol con veinte céntimos. Esa pequeña diferencia hizo que el patrón, luego de consultar con su tripulación, tomara la decisión de virar hacia Chimbote. Los pescadores que vieron zarpar la lancha recuerdan su tránsito imponente por el océano hasta la zona de la isla Las Hormigas; luego el viento, la niebla, el mar, Dios o algún demonio se encargaron de desaparecerla.

El 04 de junio de 1959 las autoridades dieron oficialmente por perdida a la Moby Dick. Su búsqueda continuó por muchos años más, sin embargo nunca se pudo encontrar rastro alguno de la lancha. Hay quienes aseguran, como Don Edmundo, que en altamar vieron a la embarcación extraviada  tambaleándose hacia los costados, pero cuando trataron de acercarse a ella desaparecía como si fuese un fantasma. “La historia de la Moby Dick acaparó la atención de la prensa nacional e incluso internacional, inspiró a escritores e intérpretes musicales”, recuerda Chinchayán, quien ha vuelto a revivir sus años mozos de pescador y se anima a tararear el vals La Moby Dick de Roger Padilla,  interpretado por Pancho Jiménez:

Hace tiempo/que entre el cielo y el mar/se perdió una lancha/la lancha Moby Dick.
A bordo iban trece pescadores peruanos/dejando una herida en nuestros corazones/los esfuerzos por buscarlos fueron en vano/porque en altamar quedaron para siempre.
San Pedrito, Patrón de los pescadores/te imploro por favor/tú que fuiste pescador/no dejes que naufraguen otros tripulantes/ellos son consuelo de sus seres queridos.

4 comentarios:

  1. al leer este articulo referente a la desaparicion de la lancha MOBY DICK, me trae el recuerdo de este episodio, Siempre estuve creido de que la cancion la interpretaron los embajadores criollos ,quisiera que alguien me dijera si estoy o no correcto.

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  2. Soy una hermana de dos tripulantes que se fueron en la Moby Dick todos los años de vida que tengo pienso en ellos suplico y ruego por favor con quien podría hablar para recibir mas informes sobre la vida de mis dos hermanos

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  3. Me gustaría saber mas sobre la historia y de los familiares de la embarcación mobi dick.. me puedes escribir al m.contrerasd@hotmail.com, estoy a la espera

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