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jueves, 23 de diciembre de 2010

Sebastián Embelesado 3 - Divertido cuento navideño

Soy José Sebastián, un idiota alunizado, de quien sus amigos, analistas y catedráticos piensan que es un huevón por no decidirse a robarle un beso a Jade, cuyo enamorado recién la había terminado.

Después de las doce de la noche, en una común navidad, iba a dejarle una tarjeta y un regalito más.

Llegué a las afueras de la casa con un terrible dolor de panza, me sentía estreñido. ¿Serían los nervios? Tenía que pasarme justo en aquel momento. Pero no importó, traté de sobreponerme a la angustia y planear cada uno de los detalles de ese encuentro entre ella y yo y yo y ella...La imaginaba diciéndome ¡Feliz navidad, amigooo! y yo...¡Feliz Navidad Jade, mira...hice esto para ti!...ay ¡qué lindo! gracias Sebas...y eso me diría seguro mientras me regalaba un caluroso abrazo.

-Oye sonso, qué haces ahí parado pensando, ven entra al toque.
-¿Ah?...sí, sí..ya voy...

No podía creerlo, el destino me la mostraba por primera vez con una falda, y una muy pequeña. Tan pequeña como para mirarle las piernas de un modo no tan inocente.

-Rápido, cierra la puerta y sube las escaleras-me dijo sin darme tiempo de saludarla.

Sentí que había entrado a un hoyo negro, donde se disuelve por completo la sensación de espacio y tiempo.  Todo estaba tan oscuro. Su silueta se desvaneció en ese cosmos nebuloso al subir las escaleras que la llevaban del primer al tercer piso. Por los sonidos de sus tacos intuía que Jade estaba adelante, subiendo a todo vuelo. Y yo al mismo ritmo la perseguía perdido en las tinieblas. No veía nada pero quería verlo todo. A unos cuantos peldaños estaba ella con una falda corta, muy corta...recorta...quien sabe si a lo mejor su trasero estaba en mis narices.
Era la primera vez que me hacía pasar a su casa. No me lo esperaba. Pensé que sólo me recibiría en la puerta como era de costumbre. Pero no, me hizo subir, y detrás de ella, en la negrura de las sombras, con un vestido cardíaco y un olor a pecado, ¿qué debía yo pensar? ¿que era mi noche? ¿mi regalo de navidad carnal? ¿me querrá violar?

martes, 12 de enero de 2010

Sebastián Embelesado 2

Primero, el gusto; luego, el embelesamiento; y por último, el enamoramiento.

Pedazo de Juan Antonio, otra vez me empujas a escribir. ¡Bendito loco! Ojalá aprenda algo de esto. Bueno, al menos me siento muy bien desfogando mis locos pensamientos, que gracias a este blog se inmortalizarán.

¡Qué pena! Jade ha cautivado mis sentidos a pesar que nunca deja de hablarme de su "feliz" enamorado. !Qué caprichoso es a veces el destino!. Aunque en situaciones como la mía, la responsabilidad absoluta le corresponde al juguetón de Cupido, quien al parecer anda, últimamente, medio cegatón y no da pie en bola con sus flechadas. Sin embargo, tengo como punto a mi favor, percibir - como buen sabueso - el desfallecimiento paulatino de su relación  a causa de la abrumadura  rutina y los terribilísimos celos del inseguro enamorado (tema clásico del ocaso de las relaciones). Este aroma necrófito me vuelve más imbecilado que nunca, perdón embelesado; aunque claro, quiera la Luna no me llegue a enamorar de Jade, porque allí sí que pierdo.

Analizando la relación - amical, no se piense otra cosa -  que llevo con Jade, me doy cuenta que nuestros gustos son abismalmente opuestos. Mientras yo me excito con pasión desenfrenada al mirar una  peli histórica, épica, violenta o salvaje, ella se emociona cuando tiene al frente alguno de esos dulces y tiernos ratoncitos, perritos y otros animalitos más, personajes inmortales de la saga  de Walt Disney. Si empiezo a hablar de actualidad o del raro origen psicoanalítico de los hombres lobo, ella muestra su somnoliento rostro de aburrimiento y me pregunta: "¿ya terminaste, Sebas?". Sin embargo, prefiere hablarme sobre las aventuras de cuantos animalitos cría: su perrito, su gatito, el pajarito. !Vaya sí tenemos diferencias! Si yo tomo agua mineral ella come grasa y calorías; si se molesta, yo me río, y si yo me molesto es porque ella ríe. A veces me pregunto si lo hará a propósito. A pesar de todas las diferencias existenciales y absurdas que tenemos, prefiero vivir embelesado - al menos en este tiempo - por Jade; además, así me pongo a salvo de tantas lobas acosadoras que caminan por el jardín dispuestas a colocar en mi manos el "cuerpo" del  pecado. Honestamente, disfruto mucho de este estado de embelasamiento, pues aunque parezca mentira, así embelesado como estoy, encuentro una paz interior media cucufata.

viernes, 8 de enero de 2010

Sebastián Embelesado 1

Sebastián, sí, así me llaman. Empiezo a escribir a causa de un pavo llamado Juan Antonio que cree que ha encontrado en mí a un tío interesante, estrambótico y lunático lupino, que puede contar muchas historias chimbotanas, él alucina que tengo un gran potencial: eso me hace sentir un poco importante, sólo un poco. Convenció a mis licántropos pensamientos para escribir en un blog de Chimbote metiéndome un chamullo maldito que el mismísimo Zeus le partiría el culo con un rayo por espeso pero que al fin y al cabo me interesó. Sé que a lo mejor no les importa esta tonta explicación, pero será mejor que la sepan antes de lanzar cualquier torpe crítica y hacerles saber estimados lectores que yo escribo bajo presión, bajo mucha presión…jaja…

Sí, sí, soy José Sebastián, pero todos me llaman Sebastián, que más da, y ahora ando medio confundido. Estoy confundido. ¿Así dicen todos no? Así pues dicen cuando no saben qué es lo que se siente realmente por alguien cuando te empieza más que a gustar. Esta terrible confusión, esta causa extraña que electrocuta mi alma, enciende mis suspiros como llamarada, me hace aullar como un lobo loco durante mis tristes soledades de luna llena, desbarata mis testosteronas misma explosión termonuclear y me hace sentir tan pero tan bien, tiene por nombre Jade.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

El regalo envuelto en papel negro



Fotografía: Propia

En un lugar de Chimbote, cuyo nombre no quiero recordar, atendía en la barra de un karaoke bar una acostumbrada joven atractiva, delgada, trigueña, cabellos castaños al pomo y ojos relucientes. Su nombre era Camila y se cuenta que tenía diecinueve años de edad, estudiaba educación en alguna universidad y tenía enamorado a quien en apariencias le guardaba mucha fidelidad.
Se dice que los terribles acontecimientos dieron inicio el 23 de diciembre del 2009, a vísperas de navidad y horas antes de su trágico cumpleaños, cuando un tal Luis Alonso, joven agraciado y algo atolondrado le fue a visitar en su centro de labores acompañado de un amigo.