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martes, 25 de febrero de 2014

La tragedia de Condor Cerro

Imagen de apoyo: Explosión de grisú en una mina francesa. Ilustración del suplemento de domingo de Le Petit Journal, París. 1892

El 3 de enero de 1951 se produjo un terrible accidente durante la rehabilitación y construcción de la vía férrea, originado por la explosión a destiempo de un calambuco que ocasionó la muerte de 98 personas en los alrededores de Cóndor Cerro, lugar ubicado en el km 72, cerca de Chuquicara.

Setenta y cinco días antes de este incidente (20 de octubre de 1950), un aluvión de Los Cedros, desembalsó la laguna de Rankarruych que causó la destrucción de 10 km de línea férrea y cuatro puentes de acero, la obstrucción parcial de nueve túneles y la Central Auxiliar de Los Cedros, colapsando la Central Hidroeléctrica del Cañón del Pato, donde pereció todo su personal. Luego de aquél desmadre de la naturaleza, la Corporación Peruana del Santa inició los trabajos de rehabilitación y reconstrucción, empezando por ambos extremos de la ruta férrea Chimbote-Huallanca para encontrarse en Chuquicara, a dos kilómetros de Cóndor Cerro. Este tramo fue el más difícil. Para tender los rieles había que hacer un terraplén que soportase la vía en ejecución. Para ello el material saldría de los mismos cerros adyacentes, dinamitando con calambucos la roca sobre el río.


El domingo 3 de enero a las 11 de la mañana, el ingeniero encargado de la obra dio la orden de llevar a cabo la operación. Los peones se alejaron a más de un kilómetro de distancia para protegerse de la explosión. Realizada la cuenta regresiva se hicieron las explosiones sucesivas, conforme a lo previsto; sin embargo, una no explotó. Transcurrida una hora de espera se decidió ir al lugar para continuar con el trabajo. Corrían ya 30 minutos desde que los peritos habían emprendido la minuciosa búsqueda del calambuco dormido, cuando de repente vino la explosión descomunal, desprendiendo y volando en miles de pedazos las rocas que golpearon los cuerpos humanos, matándolos, hiriéndolos o botándolos al río.

Llegada la noche entre el caos y el griterío, no dejaron de llegar los trozos de carne humana hasta el amanecer. De alguna de las víctimas no se tuvo rastro, y los familiares viajaron hasta la zona del suceso para averiguar la suerte que habían corrido.

El día del entierro, la calle del Ferrocarril (Av. José Gálvez) se atiborró de gente que acompañaba el cortejo fúnebre, hasta ese momento, más trágico en la historia de la provincia; eran treinta los restos desfigurados, algunos mutilados, que iban a terminar en una fosa común en El Arenal, donde el sacerdote Luis Pagani se encargó de dar la liturgia para el descanso eterno de las almas. Cuando llegó la hora de enterrar los cuerpos, se desató un llanto descomunal; las palas empujaban la arena cubriendo, uno por uno, los cajones hasta terminar de ocultarlos, colocando al final 30 cruces que harían recordar por muchos años la tragedia de Cóndor Cerro.

3 comentarios:

  1. MUNDO CONTROLADO POR DEMONIOS
    https://www.youtube.com/watch?v=1V-f84O3G5k&list=PLhpnZeD5unkugHM7rDJ33NxMgga86YJu8&index=10

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  2. MUNDO CONTROLADO POR DEMONIOS
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  3. ALGUNAS PRECISIONES SOBRE LA TRAGEDIA DE CONDOR CERRO
    El 20 de Octubre de 1950, ocurrió un evento que fue similar al aluvión de 1941 en Huaraz. Un gigantesco fragmento de glaciar proveniente del Alpamayo cayó a la laguna Jankarurish, cuyo dique no pudo resistir el embate y se produjo el alud de “los Cedros”, que perjudicó grandemente a la central y el ferrocarril. A la altura de “Condor cerro”, a cuatro kilómetros de Chuquicara, en el kilómetro 72 de la vía férrea, el aluvión se llevó las rieles y la plataforma. Las tareas de restauración empezaron por bajar material del cerro para reponer el terraplén y obligar al río a volver a su cauce. Aquel fatídico domingo 3 de Enero de 1951, los explosivos fueron colocados por las manos expertas de los hermanos Rivera, bajo la atenta supervisión de los ingenieros Gamero y Sariquey. Eran cinco calambucos especiales, de alto poder expansivo, por lo que el personal se alejó más de un kilómetro. A las once de la mañana se produjo la formidable detonación. La potencia del estruendo y el eco de los farallones, desorientó a los trabajadores, que a pesar de su experiencia no pudieron tener la certeza de los cinco estallidos, sin embargo la mayoría coincidía en el temor de uno por estallar, por lo que por precaución esperaron una hora, tras la cual volvieron a la faena. A la media hora de búsqueda del calambuco dormido, ocurrió la catástrofe. El descomunal y atroz estampido, dejó un dantesco cuadro, cuerpos despedazados y muertos, otros mutilados y aún con vida, muchos desaparecidos en las turbias aguas del caudaloso río. Dolor intenso e infinito por la sangre derramada y las vidas segadas; en un instante. Espeluznante desenlace de una inexplicable trama. Según el testimonio del Sr.Víctor Milla Loyola, Jefe de Tráfico de la Corporación Peruana del Santa, murieron más de doscientas personas.

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