Primero, el gusto; luego, el embelesamiento; y por último, el enamoramiento.
Pedazo de Juan Antonio, otra vez me empujas a escribir. ¡Bendito loco! Ojalá aprenda algo de esto. Bueno, al menos me siento muy bien desfogando mis locos pensamientos, que gracias a este blog se inmortalizarán.

¡Qué pena! Jade ha cautivado mis sentidos a pesar que nunca deja de hablarme de su "feliz" enamorado. !Qué caprichoso es a veces el destino!. Aunque en situaciones como la mía, la responsabilidad absoluta le corresponde al juguetón de Cupido, quien al parecer anda, últimamente, medio cegatón y no da pie en bola con sus flechadas. Sin embargo, tengo como punto a mi favor, percibir - como buen sabueso - el desfallecimiento paulatino de su relación a causa de la abrumadura rutina y los terribilísimos celos del inseguro enamorado (tema clásico del ocaso de las relaciones). Este aroma necrófito me vuelve más imbecilado que nunca, perdón embelesado; aunque claro, quiera la Luna no me llegue a enamorar de Jade, porque allí sí que pierdo.
Analizando la relación - amical, no se piense otra cosa - que llevo con Jade, me doy cuenta que nuestros gustos son abismalmente opuestos. Mientras yo me excito con pasión desenfrenada al mirar una
peli histórica, épica, violenta o salvaje, ella se emociona cuando tiene al frente alguno de esos dulces y tiernos ratoncitos, perritos y otros animalitos más, personajes inmortales de la saga de Walt Disney. Si empiezo a hablar de actualidad o del raro origen psicoanalítico de los hombres lobo, ella muestra su somnoliento rostro de aburrimiento y me pregunta: "¿ya terminaste, Sebas?". Sin embargo, prefiere hablarme sobre las aventuras de cuantos animalitos cría: su perrito, su gatito, el pajarito. !Vaya sí tenemos diferencias! Si yo tomo agua mineral ella come grasa y calorías; si se molesta, yo me río, y si yo me molesto es porque ella ríe. A veces me pregunto si lo hará a propósito. A pesar de todas las diferencias existenciales y absurdas que tenemos, prefiero vivir embelesado - al menos en este tiempo - por Jade; además, así me pongo a salvo de tantas lobas acosadoras que caminan por el jardín dispuestas a colocar en mi manos el "cuerpo" del pecado. Honestamente, disfruto mucho de este estado de embelasamiento, pues aunque parezca mentira, así embelesado como estoy, encuentro una paz interior media cucufata.