Hace más de 550 años
las huestes del más grande Imperio Agrícola del Mundo que se haya conocido,
Su rey, el monarca altivo, el Gran Chimú, Minchan Caman,
con los nervios conturbados y los pelos erizados
dirigía presto a sus mejores guarniciones
hacia la fortaleza más importante de los tiempos primigenios,
allá en Mayao, el pueblo fiero, a la sombra de la Gran Muralla Santa
para encarar heróicamente al formidable ejército
del Hatun Auqui conquistador, Túpac Yupanqui.
En aquél entonces el Imperio Chimú se extendía desde Paramonga hasta Tumbes, un reino que dibujaba una trama social,
según Alfonso Klauer, bastante heterogénea a diferencia de las otras culturas contemporáneas. Si bien
Tacaynamo (fundador del reino) y sus sucesores no se preocuparon por generar las condiciones de homogeneidad cultural luego de sus conquistas, menos lo haría el Señor Chimú, Minchan Caman, quien desde su soberbia corte en Chan Chan gozaba de cuanto placer endiosado había.