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lunes, 30 de septiembre de 2013

Y así empezó a sonar en Chimbote (Historia de la música en Chimbote)

Un texto de:
Edward Rodríguez Ríos
Ilustración: Santiago Machado


Las calles de la ciudad de Chimbote nos suenan a cláxones, motores y bocinazos. Parece no haber espacio para los sonidos armoniosos que endulcen el oído, o que vistan de fiesta los ánimos. Pero, por ahí, algo distinto suena, es el pasado, los muchos años atrás y los recuerdos de las calles sonando a melodías; las bandas y las orquestas matizando y despertando los corazones en esos recintos que ahora son fríos de cemento. Éste es un breve, pero, en el fondo, largo recorrido de los inicios de la música en nuestra ciudad, y es así como suena.


1: “Soñando con la brisa de mi puerto querido añoro con tristeza tus playas”.
Cuentan los viejos chimbotanos, nacidos en el primer cuarto del siglo pasado, que frente al mar se interpretaron las primeras melodías musicales que tenían un tono armonioso y romántico. La música era por entonces un vehículo de expresión social inspirado en el bello paisaje que rodeaba la naciente caleta de pescadores. El cristalino mar de aguas celestes, la arena límpida, las tardes de verano con su cielo naranja, los veleros que se desplazaban en altamar como cisnes y toda la belleza paisajística de la que estaba provista Chimbote por entonces, sirvieron de inspiración a las primeras voces y compositores locales. Probablemente estos nombres le sonarán desconocidos: Francisco Hurtado Mena, Justo Pastor, Alcibiades Váscones, Julio Da Silva, María Baudat, los hermanos Beltrán, Víctor Romero; pero son estos personajes algunos de los intérpretes, guitarristas y cajoneros que forman parte de los inicios de la historia musical de nuestro puerto.
Anita Gozzer, una mujer legendaria, que antaño destacó como voleibolista y además lució sus dotes histriónicos en cuanta velada literario musical se realizaba en nuestro puerto, ha cumplido 91 años, pero su lucidez está intacta. En su memoria se encuentra almacenada gran parte de la tradición musical de Chimbote del siglo pasado. “Los muchachos de aquella época esperábamos con ansias la llegada del verano, para reunirnos a orillas del mar, y a la luz del ocaso cantábamos en grupo, acompañados de los acordes de la guitarra. Cuando en el año 1935 se funda el Club Deportivo Cultural “Juventud”, las voces que destacaban en la intimidad de nuestros encuentros playeros se convirtieron en referentes de los shows que allí se realizaban”, recuerda Anita.
El local del Club Deportivo Cultural “Juventud”, además de albergar a las glorias del deporte, fue un ambiente donde bisoños y maestros de la música deleitaron a los aficionados, cantándole al amor, a la mujer ausente, a la bahía y sus encantos. Fue en este espacio donde, la virtud musical de Don Alcibiades Váscones y Julio Da Silva, supieron dar dirección a las primeras veladas artísticas que tenían escenarios precarios, pero que, aun así, albergaron voces llenas de talento, como: María Baudat, los hermanos Beltrán, Víctor Romero, entre otros. Ya en el año 1936, por iniciativa de Carlos Valdivieso, un bohemio empedernido, se inauguró en Chimbote el Centro Cultural Filarmónico, ubicado inicialmente en la cuadra 4 de la avenida Francisco Bolognesi, cuya finalidad era la realización de actividades artísticas locales y nacionales; sin embargo, con el tiempo la idea inicial perdió fuerza por la discrepancia de los socios. Durante sus años de apogeo, el Filarmónico cobijó a variopintos personajes del ambiente artístico chimbotano, bohemios de aquellos años que fueron sentando la historia de la música en nuestra localidad. Se dice de aquellos intérpretes que eran verdaderos virtuosos del canto, la guitarra y el cajón, dejando absortos a la gente con la versatilidad en el uso de los instrumentos y la voz.
Adentrándonos en las raíces de la música chimbotana, en un viaje mental que nos transporta a los años 30 del siglo pasado, conducidos por la voz de Anita Gozzer; reconstruyo una ciudad de brazos cortos, alegre, festiva, con figuras emblemáticas del canto como el Dúo de los hermanos Eduardo Carrillo y Carlos Chu. Rescato de ese tiempo al trío conformado por Julio Ciudad, Roque Gozzer y Ambrossio Moreno, quienes remecieron la caleta con su música criolla y el romanticismo de sus canciones. “La calidad musical de estos artistas los llevó a realizar giras a otras ciudades del país. Pero su talento también era mostrado en las calles de Chimbote, para las fiestas patronales, o en los onomásticos que se celebraban durante varios días.”, enfatiza Anita.

2: “Añoro con tristeza, tus playas caminar, llegar a tus orillas, sentir las fuertes olas que aun siendo muy tierno me viste caminar”.
El folklore, la música criolla y los valses fueron los géneros musicales que sonaron con éxito en Chimbote por la década del 40. Julián Mitcher era un hombre excéntrico que solía reunir a los más selectos artistas de la ciudad para amenizar la fiesta de su cumpleaños; así se hizo cómplice del talento de laudistas, bandurristas y guitarristas que desfilaban en su sala el día de su onomástico. Por aquellos años, se vivía el apogeo del criollismo; sonaban con marcado éxito el grupo “Plenitud”, integrado por Pedro Flores, José Mascol y Emilio Rodríguez; Humberto Marquina al que apodaban “El Patrón de la pluma” y los Hermanos Gumera (Alberto y Pedro) que con la guitarra tenían el don de regalar felicidad y enamorar a cualquiera. Esta década se caracterizó por la seguidilla de festividades; se pusieron de moda la celebración de los carnavales y las yunzas, las campiñas atiborradas de gente deleitándose con los danzarines y músicos, desatándose una verdadera locura festiva en las calles.
El folklore también obtuvo preponderancia en esta década, siendo éste un género promovido por los foráneos, venidos de las serranías ancashinas, y que tuvo en Enrique Antensio “El Matahuasino” y “el Cholo” Castillejos a sus máximos exponentes. En 1948, hacen su aparición dentro del ambiente musical, Don Salvador Oda Chávez y Don José Díaz Romero, quienes, cantando a Dúo, ganaron popularidad por el romanticismo de sus canciones, interpretadas a capela en los bares, las calles y plazas; a ellos se les sumó la compañía y finura de Don Emilio García. Juntos, en el año de 1949, triunfan en el concurso nacional de la PAMPA DE AMANCAES en Lima. Pese a que Salvador Oda nació en Trujillo, su corazón latía para la caleta, y su música también. Vino al puerto para trabajar en el Ferrocarril de la ex Corporación Peruana del Santa, pero su pasión por la música siempre terminaba ganándole. En el año 1936, antes de llegar a Chimbote, Oda cantó a dúo con su paisano, compadre y amigo del alma, Alcides Carreño, autor de del popular tema “Malabrigo”.
Otro acontecimiento importante, dentro de la historia musical chimbotana, es el nacimiento del Club Deportivo “Veracruz” en el año 1948. Este Club, ubicado en el barrio de Macate Chico, conformó una gran Orquesta integrada por Felipe Mantilla, Isaac Lozano, Germán Loyola, Domingo Gozzer, Nicolás Hidalgo, Juan Cribillero, “Calín” Chang, Víctor Watanabe. De estos músicos, Nicolás Hidalgo se aventura a tomar su propio camino, conformando la agrupación “Los Aventureros”, que empezó a tocar con éxito en Trujillo y Chiclayo.

3: “Recuerdo tus barquitos en tardes de verano llevando blancas velas para poder navegar”.
La inquietud musical de un grupo de trabajadores de diferentes rubros (pesca artesanal, comercio y otros) propiciaba, a inicios de la década del cincuenta, reuniones caseras para amenguar la ardua rutina laboral. Estos encuentros, donde se compartían cervezas y se hacía música, tenían lugar la mayoría de veces en la casa de Modesto Pastor. ¿Le suena el nombre? Don Modesto es una de las mejores guitarras del criollismo en el Perú, reconocido internacionalmente por su participación en “Los Porteños” y posteriormente en “Los Morunos”. A este notable músico se suman Rafael Amaranto, Segundo Carbonel, Manuel Miñano, Florián Arrieta, Manuel “Zurdo” Zapata, Alberto Larco y Rafael Asmat, quienes, reunidos con guitarra en mano y el timbre melodioso de sus voces, alegraban cualquier evento en la ciudad. De este grupo de artistas se conforman “Los Porteños”, que tuvieron la dicha de participar y ganar en Lima un concurso nacional de música, organizado por el grupo mexicano “Los Panchos” en 1950. El trío estuvo integrado en sus inicios por el maestro Florián Arrieta, Modesto Pastor (quien, después de mostrar sus virtudes con las cuerdas, pasa a integrar “Los Morunos”, recordarán el “Quise motivar tu vida, quise motivar tu vientre, quise motivarte toda, quise motivarte siempre”) y el “Zurdo” Zapata, este último se retira del grupo y es reemplazado por Rafael Amaranto, considerado como una de las primeras guitarras del Perú, convirtiéndose luego en director del conjunto “Las Guitarras de Lima”. El resultado de aquel éxito nacional los estableció en Lima, e hicieron carrera en la capital. Quedan en la memoria sus canciones, sus citas musicales en “La Porteñita” acompañados de la voz de Consuelo Pastor (hermana de Modesto Pastor) en el Barrio Fiscal.
El Hueco en la Pared, no ha sido sólo una bodega, allí también la música tuvo su tiempo, lugar y espacio. Unos altoparlantes puestos en lo alto del centro comercial avaló el talento de personajes que, con humor, picardía y amor, interpretaban sus canciones para toda la ciudad. Este famoso “Hueco” mostró el talento de: Rafael Amaranto, Modesto Pastor, Julio Arrieta, Alcibiades Váscones, Consuelo Pastor, Pepe Díaz, Leoncio Burgos, los hermanos Chang, Carlos Alberto Balta y podemos seguir nombrando una lista interminable, porque aquí se forjaron muchas glorias musicales de la ciudad.

4: “También recuerdo siempre mi linda Chimbotera, mi tierna huanchaquera, que en mi ausencia me olvidó”.
En 1958 aparecen “Los Estudiantes”, un grupo musical integrado por Leoncio Ojeda, Fernando Arias y Pablo Guerrero, quienes tenían la particularidad de caminar cantando y acercarse a las muchachas para conquistarlas. Estos músicos nos representaron en un importante Concurso Internacional en Trujillo acerca de “Los Panchos”, alcanzando el triunfo y un éxito que les avaló giras hasta Ecuador. Pero los músicos enamoradores no habían terminado; en 1959 aparecen “Los amigos del Romance”, quienes se valían de sus melodías para enamorar mujeres; el grupo estaba constituido por Marco Antonio Hurtado, José Cadillo Vásquez y Julio B. Arangoitia Segura. En este grupo también actuaría Alberto Rodríguez, de una voz que para muchos era sencillamente extraordinaria; además de Filiberto Zambrano, Ciro Solano y Maritza Rodríguez.

5: “Chimbotera, paisanita huanchaquera cuando vuelva ya sabrás de mis antojos.”
El 23 de mayo de 1964, nace como una inquietud de Carlos Salas Lobato, el Centro Social Cultural y Musical “Mariano Melgar”, una peña criollísima, que fue una convención de este género musical peruano en Chimbote. La pesca andaba muy bien, y los valses de amor y desamor sonaban en los locales de la ciudad a pedido de los pescadores y patrones. Un tema que se recuerda con nostalgia es “Evocación”, escrito por Carlos Sala y Gilbert Puccier; con esta canción, interpretada por María Obregón, obtuvieron el segundo lugar en el Festival de la Canción Criolla, realizado en nuestra ciudad, en el año 1973. Los logros musicales para Chimbote no acaban allí: ya en el año 1975 logramos el primer lugar del Festival de la Canción de Trujillo, con el vals “Todo acabó” de Lucy Villa y Manolo Serrano; este tema posteriormente participó en el álbum “Mi Perú” donde se reunía lo más selecto del cancionero popular peruano.

“Enterrar entre la arena tus cabellos y acariciar tu acanelada piel de playa, las gaviotas que un día se alejaron, volverán y volarán por nuestras playas y habrá espuma al reventar de fuertes olas...”
Al hablar de música en Chimbote es inevitable mencionar a Alberto Haro, compositor e intérprete de un Himno para el puerto: la tradicional canción “Huanchaquera”, que aparece en 1946 irrumpiendo en la escena musical. Pianista, músico, guitarrista, arreglista, compositor, maestro que goza de prestigio internacional, don Alberto pasó alimentándose de diferentes culturas para componer sus temas, tenía un gran amor hacia el mar, adoraba las visiones en la playa. Ama esta ciudad que fue su tierra, su cuna; esa pasión está reflejada en la letra de sus canciones. Alberto Haro es un Chimbotano de pura cepa, si bien no desarrolló su carrera por aquí, siempre tiene intactos los recuerdos de este lugar, como lo mencionó en una entrevista para un diario colombiano: “Chimbote aparece en mi mente y son todos mis sueños…”. ¡Oh mi linda chimbotera, paisanita, huanchaquera!

Publicado en el 3er número de la revista Operación Fishland
Agosto 2012

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